«Encontré cortes en sus brazos»: qué hacer si sospechas autolesión en tu hijo/a adolescente

Hace poco empecé a acompañar a una mamá que llegó a la primera sesión todavía conmocionada. Fue mientras guardaba la ropa limpia: vio las mangas largas de su hija de 15 años dobladas hacia atrás y, sin buscarlo, las marcas en su antebrazo. «Se me heló la sangre», me contó. «No sabía si preguntar, si quedarme callada, si estaba exagerando o si estaba minimizando algo grave».

(Como en todos los casos que comparto en este blog, los detalles fueron modificados para proteger la identidad de mis pacientes.)

Esta es, probablemente, la consulta que llega con más angustia a mi práctica como psicóloga de adolescentes. Y quiero decir algo primero, antes de cualquier explicación técnica: si estás viviendo algo parecido, no estás exagerando, y buscar ayuda es exactamente lo correcto.

Por qué algunos adolescentes se autolesionan

La autolesión no suele ser un intento de terminar con la vida, aunque siempre debe tomarse en serio y evaluarse profesionalmente. En la mayoría de los casos que veo en consulta, funciona como una forma —dolorosa y poco saludable, pero real— de regular una emoción que se siente insoportable: cortar, rascar o golpearse puede ser, para algunos adolescentes, la única forma que han encontrado de bajar una intensidad emocional que de otro modo sienten que los desborda.

Entender esto no significa justificarlo. Significa dejar de preguntar solo «¿por qué lo hace?» y empezar a preguntar «¿qué necesita que hoy no tiene?».

Qué trabajamos en terapia

Con su hija, el trabajo se organizó en dos tiempos. Primero, seguridad: evaluar el riesgo, entender la frecuencia y la función de la conducta, y armar un plan concreto para los momentos de mayor malestar. Después, herramientas de reemplazo, que es donde el enfoque DBT (Terapia Dialéctico-Conductual) ofrece más recursos, porque fue diseñado específicamente para trabajar con emociones muy intensas y conductas de este tipo.

Trabajamos habilidades de tolerancia al malestar: formas de sobrevivir a una emoción intensa sin recurrir a la autolesión, mientras esa emoción baja de intensidad por sí sola, algo que siempre ocurre, aunque en el momento no se sienta así. También trabajamos identificar los primeros señales de que la emoción está subiendo, para intervenir antes, no solo cuando ya está en el punto más alto.

Con esta mamá trabajamos algo igual de delicado: cómo hablar con su hija sin generar más vergüenza o secretismo. Reaccionar con pánico, rabia o vigilancia extrema, aunque venga desde el amor y el miedo, muchas veces hace que el adolescente esconda más la conducta en vez de pedir ayuda.

Si sospechas que tu hijo o hija se está autolesionando

  • No reacciones con castigo. La autolesión no se resuelve prohibiéndola; eso suele empujarla a esconderse mejor.
  • Habla desde la calma y la curiosidad, no desde el interrogatorio. Algo como «he notado que últimamente la estás pasando mal, quiero entender cómo ayudarte» abre más puertas que una acusación directa.
  • Busca evaluación profesional lo antes posible. No es algo que se resuelva solo con conversaciones en casa, por bien intencionadas que sean.
  • Cuida también tu propio estado emocional. Acompañar este proceso es angustiante, y tú también puedes necesitar apoyo.

No tienes que manejar esto solo o sola

Si encontraste señales de autolesión en tu hijo o hija, o sospechas que algo así está pasando, mereces acompañamiento profesional tanto para él o ella como para ti. Puedes escribirme para conversar sobre cómo evaluamos y trabajamos estos casos en terapia.

Este es un tema sensible. Si tu hijo o hija está en riesgo inmediato, o si tú mismo/a estás pasando por un momento de crisis, no esperes: contacta a un servicio de urgencia o a una línea de ayuda especializada en tu país. Si quieres, puedo orientarte sobre los recursos disponibles.

Descubrir señales de autolesión en un hijo o hija adolescente es una de las situaciones más difíciles para un padre. Te explico como el enfoque DBT puede ayudar.
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